Qué hacer en Bangkok

03-01-2015

A pesar de los festejos y de la resaca pudimos levantarnos bastante temprano y al mediodía nos encontramos con Gavino, fotógrafo amigo de la Cerdeña que llegaba hoy, perdiendose la fiesta de fin de año en Bangkok.
Después de almorzar juntos en el barrio de Khao San road fuimos a visitar el Wat Bowonniwet. Templo que viene utilizado para nombrar los nuevos monjes de la familia real.
El lugar estaba muy concurrido por los locales, que continuaban a festejar el nuevo año realizando oraciones de buen augurio, encendiendo inciensos y regalando flores a sus dioses.
El templo posee unas estatuas de Buda muy luminosas y a un costado del patio hay una sala de oración con una mesa en piedra donde los devotos tratan de poner una moneda de pie para la suerte, que luego dejan como ofrenda.
Parar una moneda como ofrenda
El atardecer nos atrapó caminando por los viejos muros del fuerte de Phra Sumen, construido en 1783 para defender la ciudad de posibles ataques navales.
El fuerte se encuentra dentro del parque Santi Chapcrack a orillas del río Mae Nam Chao Phraya donde, después de una breve caminata, encontramos la parada de los grandes botes que nos acercaban a casa. El primer día del año había terminado.
Fuerte Phra Sumen
Al otro día, después de un buen licuado, empezamos por visitar el rarisimo mercado de los amuletos, que se encuentra muy cerca del palacio Real.

Había dientes, garras y cuernos de distintos animales, penosamente hasta de elefantes, cuchillos artesanales, mucha variedad de piedras y estatuas de Buda en distintos materiales.

Un mercado verdaderamente extraño para los ojos de un occidental, donde no faltaban variedades de tótem de todos los credos, mayormente hinduista y budista.

Resaltaban los puestos callejeros y negocios dedicados a los coleccionistas de medallas religiosas. El mercado tenía una parte dedicada a los adivinos del futuro, donde algunas personas leían las cartas del tarot.
Licuado sobre el rió
Mercados de los amuletos
Mercados de los amuletos

Pasado ya el mediodía, caminando por las cargadas veredas del mercado, nos encontramos con nuestro amigo Gavino.

Almorzamos juntos en un restaurante no turístico frente al rió, donde el piso de tablas del lugar nos permitía ver los camalotes que flotaban abajo de nuestros pies, y donde la dueña nos apuraba a sentarnos a la mesa empujandonos con las manos, y a levantarnos también!! Asì se hacìa espacio para el próximo…

Comimos un buen plato de arroz amarillo con pollo por 35 baht.

Comiendo en Bangkok

La digestión la hicimos caminando por la enorme plaza que se encuentra frente al palacio Real para luego encaminarnos hacia el arco Sao Ching-Cha.

Este monumento color rojo en forma de arco representa lo que en el pasado fue una gigantesca hamaca donde las personas se hamacaban con el objetivo de alcanzar una bolsa con oro que estaba atada a 15 metros de altura.

Muchos perdían la vida en el intento de alcanzar el oro, en esta fiesta de origen birmano realizada en honor a Shiva. Fue así que en el reinado de Rama VII, por sus órdenes, la competencia dejó de realizarse.

Monjes paseando por Bangkok
Arco de Sao Ching-Cha
Después de imaginarnos hamacándonos en el arco de Sao Ching-Cha nos adentramos en el barrio de Ban Baat.
Este barrio conformado por unas pocas callejuelas es conocido porque dentro de él viven unas familias de artesanos dedicados a la fabricación de los Baat, vasijas que los monjes llevan con ellos y en donde todas las mañanas reciben comida y donaciones de parte de sus fieles.
En la actualidad el arte se fue perdiendo y la mayoría de los monjes usa vasijas fabricadas en la China.
Baat en exposición
Después de hablar con algunos artesanos y ver como trabajaban las vasijas seguimos el recorrido hacia la Montaña dorada, 20 baht el ingreso.
Este templo corona lo alto de una montaña y fue construido sobre las ruinas de otro templo que había caído. Subimos las escaleras que te llevan a lo alto del lugar entre cascadas artificiales, estatuas y una refrescante vegetación.
Después de hacer sonar las grandes campanas y un enorme gong que custodian la entrada y salida del templo llegamos a la cima de la montaña donde se puede ver una bonita vista de Bangkok.
Bangkok desde lo alto
Tocando el gong
Luego de un descanso en la cima empezamos nuestro regreso hacia el centro de la ciudad pasando primero por el Wat Ratchanatdaram, templo construido en la mitad del siglo XIX que tiene unos singulares techos en metal que se asemejan a los de un castillo.
Terminamos la tarde recorriendo las anchas veredas de la avenida principal de Bangkok, la Th Ratchadamnoen Klang, gigantesca avenida al mejor estilo París.

Después de pasar frente al monumento a la democracia nos desviamos hasta el colorido y vivaz barrio de Khao San road, lugar justo para tomar un exprimido de mandarinas por 20 baht, en uno de los tantos puestos callejeros que hay.

Vendedor de jugos

Por la noche tomamos los grandes botes para volver a nuestro hotel. El paisaje nocturno era completamente diferente al que estábamos acostumbrados a ver de día. Los botes estaban ya vacíos de turistas y se podía ir cómodamente sentado.

Navegando nos cruzamos con muchas embarcaciones con decoraciones de luces. Los parques, restaurantes y hoteles estaban también decorados con motivos navideños.
Los monumentos iluminados, el olor a río y las embarcaciones coloridas  hacían del viaje un paseo verdaderamente exótico y barato.
Acá termina nuestro primer tiempo en Bangkok, mañana seguimos viaje hacia la ciudad de Aranya Prathet, el famoso paso fronterizo con Camboya, nuestro próximo destino.
Wat iluminado
Wat iluminado

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