Hacer snorkeling en Ko Kradan

19.02.2015
Llegamos a la pequeña isla de Ko Kradan en uno de los típicos botes de madera tailandeses.
Embarcación típica
Grandes motores ruidosos y lazos coloridos de tela en sus proas caracterizan estas embarcaciones decoradas así por sus dueños en forma de buen augurio, o sea: «Que no se me hunda el barquito!»
Navegando

 

Nuestro barquero
Éramos 3 familias sobre el bote con un total de 12 pasajeros, los niños abundaban!
Desde la vecina isla de Ko Muk, en la playa de Hat Sai Yao más conocida como Charlie Beach, por las mañanas es común ver partir varios botes que realizan esta y otras excursiones. Pagamos 1400 baht la ida y vuelta a esta maravillosa isla.
La tripulación
Botes esperando la partida
Después de 20 minutos de navegación el mar azul que nos acompañaba se fue aclarando cada vez más a medida que nos acercabamos a la costa y finalmente nuestros pies se bañaron en esas cristalinas aguas. La mañana nos regalaba una playa vacía y un mar calmo.
Quedamos de acuerdo con nuestro barquero en el punto de encuentro para nuestro regreso.
Casi llegando
Documentando
Ko Kradan
Finalmente llegamos
Aprovechamos la mañana para nadar entre lo que queda de la barrera coralina donde la marea baja permite llegar más cerca. Bajo el agua, infinitos cardúmenes de peces coloridos llenaban de colores nuestros ojos mientras gigantescos erizos nos observaban desde el fondo del mar.
Transparencias

Paraíso de playa
Más playita
 Cerca del mediodía empezaron a llegar grandes barcos cargados de turistas, el momento justo para escapar de la playa y realizar una caminata hacia el otro lado de la isla, donde una pequeña playa conocida como la Sunset Beach nos esperaba.
Recorriendo el frondoso y siempre verde camino nos cruzamos con un par de resorts y poquísimos turistas.
Bosque tropical
Caminito
En la isla hay una zona ocupada por los guarda parque que ofrecen tiendas en alquiler (250/300 baht por noche), enclavadas a orillas del mar, bajo la sombra de palmeras y árboles de raíces gigantes. Fue ahí  donde conocimos un viajero alemán de unos 60 años que acampaba durante tres semanas en la isla. Un verdadero apasionado de la naturaleza, las noches de paz y la música del mar.
Poca civilización
Después de diez minutos de caminata por un sendero refrescante a la sombra  de un bosque tropical llegamos a unas empinadas y rústicas escaleras que bajaban hasta la rocosa playa donde prácticamente no había nadie.
Aguas transparentes, arena blanca e infinitas conchitas y corales se desparramaban por la playa. Rojizas rocas encallaban a orillas de un mar abierto testigo de atardeceres seguramente únicos.
Más natura
Sunset beach
Más sunset beach
Rocas en la playa
Cuando regresamos de la caminata los grandes barcos con turistas iniciaban a retirarse. El lugar retomaba su tranquilidad mientras nosotros nos refrescábamos pasando nuestras últimas horas en el agua disfrutando de la fauna marina y de la barrera coralina que, a medida que la marea subía, se hacía más lejana.
Luna descansando
Emprendimos nuestro regreso hacia Ko Muk con un aire de tranquilidad y paz absoluta que la pequeña isla de Ko Kradan nos había dejado. Un lugar ideal para desconectarse del todo y hacer como ese viajero alemán que dedicaba tres semanas de su vida a estar solo en contacto con la madre tierra, bajo las estrellas de un cielo infinito y un horizonte siempre azul.
Foto con el amigo barquero
Chau islita
Hasta la próxima
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